FONDO

miércoles, 11 de noviembre de 2009

CUENTO: LA CASTAÑA QUE SE REVENTÓ DE RISA

Aunque estaban ya en otoño, era un día bonito, claro, soleado. Los tres amigos: la castaña, la brasa y la caña decidieron ir de paseo. iQué bonito estaba el campo!, verde, frondoso y, por el camino, una alfombra de las hojas ya caídas de colores amarillo y marrón. Iban muy alegres jugando, saltando, corriendo y comentando lo bonito que estaba el campo, cuando de pronto se encontraron con un gran brazo de agua ¡un río!. ¡Oh, que pena!. ¿Cómo iban a pasar el río? La castaña: -Yo no sé nadar y me ahogaré -. La brasa: -Yo tampoco sé nadar y además si me mojo me apago – La caña sí sabía nadar, pero claro, ella sola, sin sus amigos, no le hacía ilusión. ¡Qué pena! -. Opinó. Con lo bonito que sería ver el otro lado del río y su orilla. De pronto la castaña dijo: -iClaro que sí!. Podremos pasar si subimos a la caña y así, ella nos pasará -, La caña, asustada, comentó: -¿ Cómo? Con tanto peso nos ahogaremos las tres -. No, - dijo la brasa. -Primero pasa a una y luego a la otra -. No lo pensaron más, la caña se dejó caer en la orilla del río y la castaña de un brinco se puso encima. ¡Oh, cuidado! ¡Me caigo! -, gritaba la castaña cada vez que se movía la caña por el agua. Y así, de esta forma, llegaron a la otra orilla. De un salto la castaña se puso en tierra, y por fin descansó. La caña volvió y de igual forma se subió la brasa sobre la caña pero… ¡Ay, que me quemo! , gritaba la caña mientras intentaba huir de la brasa, y ésta: ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Qué me ahogo! -. Mientras esto ocurría, se agarraba cada vez más de la caña. La castaña, viendo esto, se reía y se reía en tierra. Así, llegaron a la orilla y mientras la brasa, suspirando, salía del susto y saltaba a tierra, la pobre caña se refrescaba de las quemaduras y del sofocón. La castaña seguía riéndose y sus amigas le reprocharon que no les había ayudado. La castaña no podía parar de reír, hasta que empezó a abrírsele la piel de su barriguita: De repente la castaña exclamó: -¡Oh, que se me abre la tripita! -Con expresión de preocupación. Ves, esto te pasa por ser mal amiga - le decían la brasa y la caña, -pero aún así te ayudaremos -. Así que la llevaron a un amigo que era sastre. El sastre cogió un poco de tela beige que tenía, y con mucha delicadeza le dio unas puntadas. Y así se salvó y evitó que la castaña se muriera reventada de risa. Desde ese día todas las castañas nacen con un parche y así pueden saltar y reír alegremente. Y colorín colorado, esta castaña se ha reventado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario